Si antes era un majestuoso árbol el que me despedía cuando me dirigía al mundo del orden caótico, ladrillo visto y revestido de felicidad dirigida, balcones a inalcanzables pedacitos de cielo y asfalto arrollador que te atrapa y te guía hacia donde no sabes ni por qué.
Si antes era un majestuoso árbol el que me abrazaba dándome la bienvenida a mi mundo, a mi hogar de desorden armonioso, ladridos infantiles, balcones a la ternura infinita y alfombras acogedoras donde dejarte ser y estar olvidando lo que pasó y lo que pasará.

Ahora, es esta montaña la que presencia mis idas y venidas. La que me ve sonreír al mirarla y me da un motivo más para estar aquí, para seguir adelante, para pensar que sí merece la pena.
Ahora, es esta montaña la que vislumbra ese brillo en mis ojos que los agranda de tanta desbordante belleza.

Y si creí que te echaría de menos, árbol, decirte que no. Que nuestra relación fue tan sincera, tan de presente que no tendría sentido anhelarte en otro tiempo diferente.

Share: